Cuando el equipo de restauración entregó el primer informe sobre el estado del muro sur de la capilla en Salta, la propuesta original de intervención quedó obsoleta en menos de una semana. La revisión inicial no fue un trámite: fue el punto donde el proyecto cambió de rumbo.
El primer supuesto era que el revoque descascarado correspondía a una única capa del siglo XIX. Los sondeos manuales mostraron tres estratos superpuestos, cada uno con distinta granulometría y proporción de cal. Eso obligó a replantear el criterio de limpieza: no se podía retirar todo hasta el muro base sin borrar información histórica. La comisión de patrimonio pidió entonces una muestra de cal apagada en obra antes de aprobar cualquier mezcla nueva.
Otro cambio vino por el lado del calendario. La temporada de lluvias en el norte argentino no perdona: un muro intervenido con cal necesita tiempo de fraguado sin humedad directa. Lo que en el papel era una intervención de seis semanas se estiró a diez, con dos ventanas de trabajo reales. Aprendimos a leer el pronóstico antes de mezclar, no después.
Lo más útil de la revisión inicial fue lo que no aparecía en los planos: una canaleta de ladrillo del siglo XVIII bajo el piso de la nave lateral. No se excavó más de lo necesario. Se documentó, se fotografió y se decidió conservarla in situ con una cámara de aire ventilada. Ese hallazgo reescribió el proyecto de drenaje y hoy es una de las paradas del recorrido guiado.