Cómo trabajamos
Cada intervención sobre un edificio colonial arranca con una consulta y termina con un expediente cerrado. Entre esos dos puntos hay relevamiento, permisos, muestras y una obra que avanza por etapas. Acá está el recorrido completo, con los tiempos y las instancias que no se pueden saltear.
Recibimos el pedido por teléfono o correo y coordinamos una primera visita. En esa recorrida se identifican los muros con mayor deterioro, se revisa el estado de cubiertas y desagües, y se toma registro fotográfico. No se define ningún trabajo sin ver el edificio en persona: lo que se ve en una foto no reemplaza lo que se siente al caminar el patio.
Antes de intervenir un paramento se extraen muestras de revoque y se analiza la composición original: proporción de cal, tipo de árido, presencia de sales. Estos ensayos definen qué mezcla usar y descartan cualquier material incompatible. En edificios con declaratoria patrimonial, esta etapa se documenta y se presenta ante la comisión correspondiente.
Con el diagnóstico en mano se arma el proyecto de intervención: qué se restaura, qué se consolida y qué se deja como está. Si la obra toca un bien de valor patrimonial, el expediente pasa por revisión técnica y puede requerir ajustes. Este trámite suele ser el más lento del proceso y conviene iniciarlo temprano.
Durante la ejecución, cualquier excavación o retiro de pisos se hace con seguimiento arqueológico. Aparecen canaletas, cimientos viejos, fragmentos de loza: cada hallazgo se documenta y puede modificar el cronograma. La obra no se detiene, se replantea. Los trabajos se organizan por frentes para no dejar el edificio expuesto a la lluvia.
Al cerrar la obra se entrega un informe con lo ejecutado, los materiales usados y las recomendaciones de mantenimiento. Un edificio colonial restaurado sigue necesitando atención: control de humedad, limpieza de canaletas, revisión de revoques cada temporada de lluvias. Ese manual es parte del trabajo, no un agregado.