Los primeros siete días en una intervención sobre un edificio colonial marcan el tono de todo el proyecto. Antes de tocar un muro hay que leerlo: entender qué revoques son originales, cuáles se agregaron en el siglo XX y dónde la humedad ya hizo su trabajo. En esta entrada repasamos las decisiones concretas que se toman en esa primera semana en una capilla de Salta, desde el levantamiento fotográfico hasta la cala de sondeo que confirma si el adobe está sano o si conviene frenar la obra.
El primer día no se trabaja con herramientas, se trabaja con planos viejos y con la vista. Se recorre el edificio con el equipo de arqueología, se marcan fisuras con tiza y se numera cada paramento. Es un trabajo lento que después ahorra semanas: la mayoría de los errores en restauración vienen de intervenir antes de entender qué se está mirando.
La cala de sondeo es el momento más delicado. Se abre un sector pequeño, de no más de cuarenta centímetros, y se lee el corte estratigráfico como si fuera un libro. Ahí aparece la mezcla original, el agregado posterior, a veces un revoque de cemento que hay que retirar con paciencia. Si el resultado no coincide con lo previsto, el cronograma se reescribe. No es un fracaso: es la obra diciendo lo que necesita.
Hacia el final de la semana ya hay una muestra de mezcla aprobada por la comisión de patrimonio y un plan de trabajo ajustado a lo que el muro reveló. Recién entonces empieza la intervención real.